jueves, 27 de noviembre de 2014

EL INCONSCIENTE REMOTO

Tenía un amigo que decía haber pertenecido a una casta de chamanes y podía interpretar los sueños.
Con unos grandes ojos color Espresso intenso trasmitía sabiduría y paz. El era el único valedor de mis sueños.
Estábamos en una pequeña estancia, repleta de lámparas y de tapices, donde susurraba una relajante música de laud que armonizaba con un aroma sensual y exótico de sándalo que exhalaba por todos los rincones.
Mi conciencia fluía evocando los sueños y las horas pasaban acompasadas, como mecidas en un espacio sin tiempo.
Yo recitaba; El interpretaba.
En sueños, podía modificar a conveniencia, episodios, trayectos y diferentes epílogos.
Después de algunos meses, pasó lo inevitable... llegué a soñar que soñaba y estando despierta llegué a la vacuidad .
Mi inconsciente se me antojó remoto, había entrado en lo que algunos expertos tildan como “bucle del tiempo  o bucle de conciencia” y no volví a conciliar el sueño en un largo período de tiempo.
Con todo, mi amigo desapareció un día y ya no he vuelto a saber nunca nada más de él.